El papa Inocencio IV en Asís (1253)

Según su cronista y secretario Nicolás de Calvi

   
   

 

Llegada a Asís, desde Perusa

...Saliendo luego de Perusa (después de canonizar a San Pedro mártir, de la Orden de Predicadores o Dominicos), el día octavo de la resurrección del Señor del año 1253, año décimo de su pontificado, el papa vino a Asís, donde fue recibido por los habitantes de la ciudad con tanta alegría, que muchos, al verlo, no lograban en modo alguno contener las lágrimas, debido a tan grande y sobreabundante alegría. Y durante todo aquel verano moró con todos sus familiares en el lugar del bienaventurado confesor san Francisco, donde descansa su santísimo cuerpo.


Consagración de la Iglesia de San Francisco, en Asís

Y, aconsejado por los frailes, fijó la consagración de aquella iglesia para el domingo anterior a la fiesta de la Ascensión del Señor. Llegado el día previsto, el recordado señor papa, con muchos obispos, consagró la iglesia y sus altares. De donde, por devoción y respeto al sumo pontífice consagrante de la Iglesia, hubo tal afluencia de pueblos, prelados, religiosos, clérigos, hombres, mujeres y niños, incluso de provincias lejanas y del extranjero, que nadie hubiese podido contar jamás su número. Valles, montes, llanuras y la misma ciudad de Asís estaban, en efecto, llenas de gente.

Concedió, pues, el señor papa amplias remisiones e indulgencias de los pecados a todos los que entrasen en ella con devoción. Estableció además el señor papa que la fiesta de la consagración de la iglesia se celebrara cada año, en ese domingo precedente a la fiesta de la Ascensión del Señor.

Y consagró también la iglesia mayor de la ciudad, San Rufino, y las iglesias de San Pedro y de San Pablo, monasterios asisanos de la orden de San Benito.


Canonización de San Estanislao de Cracovia en la basílica superior

También en aquel tiempo, mientras el papa estaba allá (en San Francisco), aconsejado por sus co-hermanos y por otros prelados, inscribió en el catálogo de los santos al beato Estanislao de Cracovia, resplandeciente de tantos milagros, el cual, como otro Juan el Bautista, denunciaba las abominables impiedades del duque de Polonia, por cuyo motivo sufrió la decapitación.


Visitas a Clara, en el monasterio de San Damián.

El piadoso padre visitó también dos veces, con mucha compasión y mansedumbre, a madonna Clara, clara por la vida y por el nombre, primera abadesa de las señoras monjas reclusas de la orden de San Damián, que yacía enferma en su lecho. La cual, luego, el día de la fiesta del bienaventurado Rufino, fue felizmente llamada por el Señor a la otra vida.
Como un fraile con los frailes del Sacro Convento

A los frailes con los que vivía en aquel lugar, el sumo pontífice condecía beneficios con mucha humanidad y benignidad. Y como, en efecto, sobresalía por la virtud de la humanidad, se comportaba como un fraile con los mismos frailes, humilde con los humildes, manso con los mansos. Por eso, con mayor razón y por mayor motivo, los referidos frailes acudían con segura confianza a su regazo, como a un padre, o al pecho de una madre. Y él los nutría como a hijos amadísimos suyos, con dulces exhortaciones y sermones, dándoles limosnas y suministrándoles lo necesario para túnicas y otras cosas.


Regreso a Roma

Tras haber celebrado solemnemente la fiesta del bienaventurado Francisco el sábado (4 de octubre), el lunes siguiente salió de Asís con toda la curia, y regresó a Roma por Narni y la Sabina (Valle de Rieti).

Traducción del latín al español por Fr. Tomás Gálvez

 

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